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15 de Agosto: Asunción de María Santísima al Cielo
Jueves 20 Ago 2020, 13:53 pm  |  Compartir en:      
15 de Agosto: Asunción de María Santísima al Cielo
El 1º de noviembre de 1950 el Papa Pío XII, rodeado por 39 Cardenales, 621 Obispos y 700 mil fieles, proclamó solemnemente a través de la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, el dogma de la Asunción de Nuestra Señora al Cielo. De ese modo proclamaba, solemnemente, que la creencia según la cual la Santísima Virgen María, al terminar su vida terrestre, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del Cielo, verdaderamente forma parte del depósito de la fe recibido de los Apóstoles.

Esta fiesta tuvo, entre muchos otros, dos nombres que prevalecieron durante mucho tiempo. En las Iglesias orientales, destacando más la muerte de María, se la llamó Dormitio, es decir, dormición. En las occidentales, dando destaque a su Asunción al Cielo, se la denominó Assumptio.
La Asunción es la fiesta más antigua y más solemne en honra de la Santísima Virgen y se remonta a fines del Siglo IV. Nació en Oriente, probablemente en Jerusalén, junto al sepulcro de la Santísima Virgen, bajo el título de “Solemnidad de Santa María

En Roma la fiesta fue introducida en el Siglo VI. El Papa Sergio I, en el Siglo VII, le dio un carácter solemne con una gran procesión nocturna. En Francia, la procesión del 15 de agosto recuerda la consagración del país a la Santísima Virgen, hecha por el Rey Luis XIII, en 1638.

Pío XII, en el documento que proclamaba el dogma de la Asunción, se refirió a las relaciones entre la Inmaculada Concepción y la Asunción, a las peticiones recibidas de todo el mundo pidiendo la definición dogmática, a la consulta por él dirigida al Episcopado, a la doctrina concordante con el Magisterio de la Iglesia y al hecho de tratarse de una verdad revelada por Dios.

Resumió brevemente los testimonios de la creencia en la Asunción, a la devoción de los fieles al mismo misterio, al testimonio de la Liturgia, a la celebración de la fiesta por parte de los fieles y al testimonio de los Santos Padres, de los teólogos escolásticos desde los primeros días, pasando por el período áureo y alcanzando la Escolástica y los tiempos modernos.

Y afirma:

Así, después de haber dirigido repetidas súplicas a Dios y de haber invocado la luz del Espíritu de la Verdad para gloria de Dios Omnipotente, roclamamos que a la Virgen María concedió su especial benevolencia; para honra de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y triunfador sobre el pecado y la muerte; para aumento de la gloria de su augusta Madre; y para gozo y júbilo de toda la Iglesia- con la autoridad de Jesucristo y de los Bienaventurados Apóstoles San Pedro y San Pablo, y con la Nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que: LA INMACULADA MADRE DE DIOS, LA SIEMPRE VIRGEN MARÍA, AL TERMINAR EL CURSO DE LA VIDA TERRESTRE, FUE ASUMIDA EN CUERPO Y ALMA A LA GLORIA CELESTIAL. Razón por la cual se alguien, negara o pusiera en duda esta Nuestra definición, sepa que naufraga en la fe divina y católica.
Oración

Alégrate y gózate Hija de Jerusalén
mira a tu Rey que viene a ti, humilde,
a darte tu parte en su victoria.

Eres la primera de los redimidos
porque fuiste la adelantada de la fe.
Hoy, tu Hijo, te viene a buscar, Virgen y Madre:

Ven amada mía,
te pondré sobre mi trono, prendado está el Rey de tu belleza.

Te quiero junto a mí para consumar mi obra salvadora,
ya tienes preparada tu casa donde voy a celebrar
las Bodas del Cordero:

Templo del Espíritu Santo
Arca de la nueva alianza
Horno de barro, con pan a punto de mil sabores.

Mujer vestida de sol, tu das a luz al Salvador
que empuja hacia el nuevo nacimiento
Dichosa tú que has creído, porque lo que se te ha dicho
de parte del Señor, en ti ya se ha cumplido.

María Asunta, signo de esperanza y de consuelo,
de humanidad nueva y redimida, danos de tu Hijo
ser como tú llenas del Espíritu Santo,
para ser fieles a la Palabra que nos llama a ser,
también como tú, sacramentos del Reino.

Hoy, tu sí, María, tu fiat, se encuentra con el sí de Dios
a su criatura en la realización de su alianza,
en el abrazo de un solo sí.

Amén.
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