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SACERDOTES Y MONJES FUERON LOS GRANDES CONSTRUCTORES DE LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA
Lunes 25 Feb 2019, 23:43 pm  |  Compartir en:      
La mayoría de los historiadores de la ciencia han concluido en los últimos cincuenta años que la Revolución Científica se produjo gracias a la Iglesia.
La aportación católica a la ciencia no se limitó a la esfera de las ideas ya que muchos Científicos eran sacerdotes.

El padre Nicholas Steno, es considerado el padre de la geología, mientras que el padre de la egiptología fue el P. Athanaslus Kircher.

Podemos sorprendernos al enterarnos que la primera persona que midió el índice de aceleración de un cuerpo en caída libre fue otro sacerdote, el padre Giambattista Riccloli.

Y nuestro asombro llegaría al máximo si se nos informa que al padre Roger Boscovich se le suele atribuir ¡el descubrimiento de la moderna teoría atómica!

No estamos preparados para tantas sorpresas. Los Jesuitas, por ejemplo, llegaron a dominar el estudio de los terremotos a tal punto que la Sismología se dio en llamar en aquellos tiempos la «ciencia Jesuita”.

Y aunque la contribución de la Iglesia a la astronomía es prácticamente desconocida, cerca de treinta y cinco cráteres lunares llevan el nombre de Científicos y matemáticos Jesuitas.

El prof. J. L. Reilbron, de la Universidad de Berkeley, California, afirma

“La Iglesia Católica Romana ha proporcionado más ayuda financiera y apoyo social al estudio de la astronomía durante seis siglos que ninguna otra institución, y probablemente más que el resto en su conjunto”
Para terminar esta somera relación, no debemos olvidar tampoco, que, en el Siglo XIII, Roger Bacon, franciscano y profesor de Oxford, fue admirado por sus trabajos matemáticos y ópticos, y está considerado un precursor del método Científico moderno.

LOS MONJES, ESOS GRANDES DESCONOCIDOS
Los monjes preservaron la herencia literaria del mundo antiguo, por no decir la propia existencia del alfabetismo.

Si bien la importancia de la tradición monástica ha sido más o menos reconocida por la Historia occidental, el aporte de los monjes fue en realidad mucho mayor.

Es difícil señalar a lo largo de la Edad Media una sola empresa significativa para el progreso de la Civilización en la que la intervención de los monjes no fuera decisiva.

En las propias palabras del Prof. Woods,

“Según se describía en un estudio sobre el particular, los monjes proporcionaron a toda Europa una red de fábricas, centros para la cría de ganado, centros de investigación”.
“La Iglesia hubo de asumir la tarea de introducir la ley del Evangelio y la ética del Sermón de la Montaña entre gentes para quienes el homicidio era la más honrosa de las ocupaciones y la venganza era sinónimo de justicia”.
Sin duda alguna fue San Benito, reconocidamente padre y patrono de Europa,
el principal arquitecto de los monasterios occidentales y los benedictinos, sus hijos espirituales, fueron los padres de la civilización europea.
En una época en la que era común el retiro a las zonas solitarias de muchos buscadores de lo espiritual, Benito cambió el rumbo construyendo comunidades espirituales y de economía auto sustentable, que dieron origen a maravillosos ejemplos de trabajo e industria.

Durante décadas y aún cientos de años, los monjes preservaron el patrimonio literario de la humanidad con su paciente copiado de los clásicos, ya en vía de perderse para siempre.

Pero además, fueron un ejemplo de espiritualidad industriosa, que dejó el legado a la posteridad de los beneficios del trabajo, tan menospreciado entonces, para la edificación de la humanidad.

Otros especialistas añaden:

“Debemos agradecer a los monjes la recuperación de la agricultura en gran parte de Europa.
Allá donde llegaban, transformaban las tierras vírgenes en cultivos, abordaban la cría del ganado y las tareas agrícolas, trabajaban con sus propias manos, drenaban pantanos y desbrozaban bosques”.
Su intervención fue tan decisiva, que hasta un historiador del siglo XIX que no simpatizaba con la Iglesia, Francois Guizot, tuvo que reconocer:

“Los monjes benedictinos fueron los agricultores de Europa; transformaron amplias zonas del continente en tierras cultivables, asociando la agricultura con la oración”.
En todas partes introducían los monjes cultivos e Industrias y empleaban métodos de producción desconocidos hasta la fecha por la población del lugar. Abordaban la cría de ganado y de caballos o las técnicas de fermentación de la cerveza, la apicultura o el cultivo de las frutas.

* En Suecia desarrollaron el comercIo del grano.

* En Parma fue la elaboración del queso.

* En Irlanda los criaderos de salmón.

* Y en muchos otros lugares los mejores viñedos. Almacenaban el agua en primavera para distribuirla en épocas de sequía, canalizaron fuentes de agua e introdujeron el regadío.

El champagne, obra del monje Dom Perignon
El descubrimiento del champagne fue asimismo obra de Dom Perignon, un monje de la Abadía de San Pedro, en Hautvilliers-del Marne, que había sido nombrado bodeguero de la abadía en 1688 y descubrió el champagne experimentando con distintas mezclas de Vinos.

Los monasterios, las unidades económicas más eficaces que habían existido en Europa y en el mundo hasta esa fecha
Estos monasterios -dice un historiador- fueron las unidades económicas más eficaces que habían existido en Europa, y acaso en el mundo, hasta la fecha.

La maestría de los monjes abarcaba tanto las curiosidades de Interés como los asuntos más prácticos.

En los comienzos del Siglo XI,
un monje llamado Eilmer voló a más de 90 metros de altura con un planeador, realizando una hazaña por la que sería recordado en los tres siglos siguientes.
No había actividad alguna,
ya se tratara de la extracción o la elaboración de la sal, el plomo, el hierro, el alumbre, el yeso o el mármol, de la cuchillería, de la vidriería o de la forja de planchas de metal, en la que los monjes no desplegaran toda su creatividad y todo su fértil espíritu Investigador.
Desarrollaron y refinaron su trabajo hasta alcanzar la perfección, y su pericia se extendió por toda Europa.

Un sacerdote jesuita desarrolló la técnica del vuelo
Varios siglos más tarde, el padre Francesco Lana-Terzi, un sacerdote Jesuita, desarrolló la técnica del vuelo más sistemáticamente y se hizo merecedor del título de padre de la aviación.

Su libro de 1670, Prodromo alta Arte Maestra, fue el primer texto que describió la geometría y la física de una aeronave.

Monjes relojeros
Hubo asimismo entre los monjes consumados relojeros.

El primer reloj del que tenemos noticia fue
construido por el futuro Papa Silvestre II para la Ciudad alemana de Magdeburgo, en torno a 996.
Fueron los monjes quienes impidieron que la luz del conocimiento fuese apagada por las hordas de los bárbaros
La Abadía de Rievaulx, en el norte de Yorkshire, Inglaterra, llegó a alcanzar un grado de complejidad tecnológica comparable al de las grandes máquinas de la revolución Industrial del Siglo XVIII.

Una crónica del siglo XIII, sobre el uso de la energía hidráulica por parte de los monjes cistercienses citada en David Buckhurst, “Monastic Watermills”.

Tal como atinadamente señala el historiador Christopher Dawson, fueron los monjes quienes impidieron que la luz del conocimiento fuese apagada por las hordas de bárbaros que durante cientos de años asolaron Europa.

(Transcripto de Foros de la Virgen in Cómo fue el Cristianismo quien Construyó la Civilización Occidental y la Ciencia)

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