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En Quebec el 77% de los médicos se ha negado a participar en el suicidio asistido de sus pacientes
Viernes 19 Ene 2018, 16:55 pm  |  Compartir en:      
En Canadá el suicidio asistido es legal desde junio de 2016 pero ya desde un año antes Quebec tenía su propia ley eutanásica. Precisamente, la revista médica Le Spécialiste ha analizado el caso de la región francófona para analizar el impacto de esta ley en el tiempo.

El artículo, que aparece en el número de diciembre de la publicación de la revista de especialistas médicos de Quebec, se centra en la ciudad de Laval, que tiene 435.000 habitantes.

El dato más relevante que aparece es que
tras 18 meses de aplicación de la ley, las objeciones de conciencia de los médicos contra la ley del suicidio asistido han sido mucho mayores de lo que se preveía durante la redacción de la normativa.
De este modo, antes de aprobarse la ley, el 48% de los médicos dijo que participaría en el suicidio asistido, el 30% con condiciones y el 28% que nunca lo haría.

77 % de los médicos se niegan a participar de la eutanasia: objeción de conciencia
Una vez en funcionamiento esta ley los resultados son muy distintos.
El 77% de los médicos que ha recibido solicitudes para ayudar a un paciente a morir se han negado a participar, utilizando todos ellos la cláusula de objeción de conciencia.
Encuestados por las razones para no participar, estas fueron las más comunes: “una gran carga emocional, seguida de una percepción de falta de experiencia clínica y un temor a ser estigmatizado por sus compañeros y la sociedad”. Después, aparecían otros motivos como no agregar más “carga clínica”, un “proceso que lleva mucho tiempo” y “preocupaciones legales médicas”.

La conclusión a la que se llega es que una cosa es hablar de un eufemismo como “aliviar el sufrimiento” y otra cosa es participar en la muerte de un ser humano, por lo que en el momento de la verdad muchos médicos se han echado atrás pese a que antes de aprobarse la ley dijeran que sí participarían.
La ley de Canadá, de las menos restrictivas
Pocos meses después de la ley de Quebec, llegó la eutanasia a todo el país, aprobada en junio de 2016 y que al finalizar el año ya se había cobrado la vida de al menos 744 personas.

Los datos, difundidos por CTV News, son altísimos, pero según la doctora de Vancouver Ellen Wiebe, que declaró haber matado por lo menos a 40 pacientes,
“los números aumentarán, estoy segura de ello. Creo que alcanzaremos a Holanda y Bélgica porque tenemos leyes similares. Esto significa que la eutanasia representará el 5% de las muertes del país”.
Sin embargo, la ley canadiense es mucho menos restrictiva que las de Bélgica y Holanda. De hecho, según la ley C-14,
para que te maten hay que tener una enfermedad incurable para la cual "la muerte natural es razonablemente previsible".
El problema es que la enfermedad incurable y su razonable previsibilidad no son establecidos por datos médicos objetivos; basta que "el personal médico o de enfermería crea que la persona cumple todos los criterios"
.

No es necesario, por lo tanto, que la ley sea respetada; basta que el médico piense que lo es.
La diferencia es importante, sobre todo porque la ley especifica que un médico no puede ser acusado de homicidio ni siquiera cuando su opinión sobre el respeto de los criterios de la ley se revele "equivocada".

Por último, el texto de la ley
garantiza una inédita inmunidad a "todo" el que "haga algo" para proporcionar la muerte de un tercero que la haya pedido.
(R. en Libertad 8 de enero de 2018).

¿Un católico puede estar a favor de la eutanasia?
El Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME) publicó una guía sobre la posición de la Iglesia sobre la mal llamada “muerte dulce”, recordando que “la vida es un don de Dios y solo Él tiene poder para darla y quitarla”.

La reflexión del SIAME se enmarca dentro de la aprobación de la eutanasia en la Constitución de Ciudad de México en enero del 2017, tras una propuesta “empujada por Jesús Ortega, del Partido de la Revolución Democrática”.

Para el informativo de la Arquidiócesis de México,
“la Sagrada Escritura es clara al señalar que la vida es un don de Dios y solo Él tiene poder para darla y quitarla. Bajo esta idea, toda persona, institución o gobierno deben hacer todo lo posible para ayudar a conservar la vida propia y la de los demás”.
Por esto, subrayó, “no es posible que ninguna persona, institución o gobierno considere que tiene derecho a quitar la vida de otra persona”.

¿Qué sería de la humanidad si alguien se atreviera a decir quién debe vivir y quién no?”, cuestionó.

Muerte cerebral y donación de órganos
El informativo católico mexicano señaló que en la actualidad “se considera que la persona ha muerto cuando se le declara muerte cerebral. Cuando esto ocurre, aunque los órganos del cuerpo se conserven funcionando, se considera que la persona ha muerto”.

En estos casos, resulta apropiada la donación de órganos para ayudar a que otros continúen viviendo”, destacó.

Sin embargo, advirtió, “mientras el cerebro siga funcionando se considera que la persona se mantiene viva aunque haya perdido motricidad (movimiento), sensibilidad, conciencia (aparentemente), y capacidad de comunicación”.

La Iglesia pide que se hagan todos los esfuerzos posibles para ayudar a que la persona se mantenga con vida”, recordó.

¿Con dolor no vale la pena vivir?
El SIAME indicó que actualmente influye “en las decisiones para conservar o quitar la vida, el tema del dolor y el sufrimiento. Parece que con dolor no vale la pena vivir”.

Esto refleja el pensamiento de una sociedad en la que solo es bien visto el confort y el placer; en la que el dolor o el sufrimiento parecen no tener lugar”, señaló.

“Sin embargo ¿cuál sería la medida del dolor? ¿Hasta dónde se podría o tendría que soportar? ¿Qué duele más, el dolor físico o el dolor moral? En este sentido, la Sagrada Escritura y la Iglesia enseñan que el dolor y el sufrimiento son parte de la vida misma y pueden tener un sentido redentor”.
En el fondo, un delito de asesinato
El informativo de la Arquidiócesis de México subrayó que
“si la ciencia dictamina que una persona está viva y deja de suministrarle la ayuda necesaria para que continúe viviendo, en el fondo se está cometiendo el delito de asesinato, aunque lo disfrace de ‘no se está matando, sino dejando morir a la persona’”.
“Esto sería comparable a dejar morir de hambre a un bebé que aún no es suficiente para obtener el alimento por sí mismo, y luego aducir que no se le mató, sino que el pequeñito murió por su culpa o deseo”.
El SIAME concluyó asegurando que
“resulta inconcebible, y a todas luces inmoral, que el Constituyente haya convertido en derecho lo que en realidad es un delito”.
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