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Carta Abierta por una Argentina grande, cristiana y fuerte
Sabado 1 Ago 2009, 00:00 am  |  Compartir en:      
Me dirijo a todos los argentinos de bien, preocupados por la gravísima
crisis que atravesamos, una de las más peligrosas de los últimos
tiempos y de cuya solución dependerá el rumbo de nuestra Patria en los
próximos años.
En efecto, a medida que se fueron desarrollando los acontecimientos por
todos conocidos, se definieron dos posiciones antagónicas: la de
quienes apuestan a una nación donde convivan armónicamente, en paz y en
franco progreso grandes, medianos y pequeños propietarios vs. quienes
se inspiran en un intervencionismo estatal invasor y totalitario,
alentando el odio de clases, tendiendo a asfixiar la propiedad privada
y la libre iniciativa, y a erosionar otros derechos fundamentales como
el de la patria potestad y el respeto a la vida humana desde la
concepción.

¿Libres o esclavos?.- Al
imponer una carga tributaria confiscatoria, como la de las retenciones,
en último análisis se le está negando al hombre la legítima propiedad
del fruto de su trabajo y se le niega por tanto su condición de ser
libre, reduciéndolo a la situación de un mero esclavo o a la de una
simple pieza en ese inmenso engranaje que es el Estado.

En efecto, si el hombre es dueño de su ser, es dueño de su trabajo. Si
es dueño de su trabajo, es dueño del fruto adquirido con él. Y como la
capacidad de trabajo, tanto del punto de vista de la cantidad como de
la calidad, varía de hombre a hombre, se origina necesariamente de allí
la existencia legítima de propietarios grandes, medianos y pequeños, y
también la de quienes dignamente remunerados no posean tierras.
Recordemos entonces que, quienes nos oponemos a la imposición de
retenciones confiscatorias, estamos defendiendo un principio sagrado,
el de la propiedad privada, fundado en la naturaleza racional y libre
del hombre y consagrado en dos Mandamientos de la Ley de Dios: No
robarás y No codiciarás los bienes ajenos.
Estamos propiciando además que, con garantías y estímulos a la
propiedad privada y la libre iniciativa, con reglas claras y estables,
cese el estado de agresión permanente contra el propietario rural y se
valoricen todas las actividades productivas, se multipliquen las
fuentes genuinas de trabajo, se cree un marco jurídico institucional
que ofrezca garantías que alienten las necesarias inversiones y se
favorezca que la Argentina, en su conjunto, aproveche un contexto
internacional excepcional para transitar establemente los caminos de
prosperidad que tanto necesitamos.

Propiedad privada y familia.- Existe
una afinidad profunda entre esta defensa del derecho de propiedad
privada y la institución de la familia. Porque es en función de la
familia y de los hijos, que trabajar, esforzarse, acumular capital para
adquirir una propiedad y progresar constituye por excelencia un deber
para sus componentes. Porque la familia y la propiead nacen de la misma
raíz (junto con el derecho de constituir propiedad la naturaleza
engendra el derecho de constituir familia), defender la propiedad
privada es también defender la familia frente a los ataques que hoy
recibe al intentarse, a través de distintos proyectos de ley, erosionar
la patria potestad negando a los padres el derecho de educar a sus
hijos (eligiendo desde el Estado cómo y qué valores transmitirles a
través de planes de educación sexual), liberalizar el aborto y
equiparar el matrimonio entre varón y mujer a las uniones entre
personas del mismo sexo.

Luchar para no perder.- Como
podemos ver, esta es una resistencia que concierne a todos los
argentinos y no solo a los hombres del campo, porque lo que está en
juego, en último análisis, más allá del efecto económico de las
retenciones, es el destino de la Argentina como nación grande, fuerte y
fiel a sus raíces cristianas.
Es por ello que todos estamos convocados a defender principios sagrados
y legítimos derechos, no permitiendo jamás que se apodere de nosotros
el desaliento, sean cuales fueran las dificultades que debamos
enfrentar.
Hay razones para esperar lo mejor, desde que mantengamos la unión entre
quienes defendemos estos valores y sobre todo desde que no nos falte la
confianza inquebrantable en la ayuda de la Providencia para todo
trabajo ejecutado con clarividencia, rigor y método para alejar de
nuestra Patria las amenazas que, como tantas otras espadas de Damocles,
cuelgan sobre nosotros.
Actuemos, pues, dado que nos asiste el derecho y el deber de levantar
muy alto nuestra voz y hacernos oír por todos los medios lícitos, en
todas las instancias necesarias y, en lo inmediato, para que los
senadores, conscientes del deber de representar con fidelidad la
opinión del electorado, tomen en la debida cuenta, al emitir su voto
sobre el régimen de retenciones, la posición de nosotros, sus
representados, y no la del propio partido.

Súplica a Nuestra Señora de Luján.- Que
Nuestra Señora de Luján, Reina y Patrona de la Argentina nos ayude a
cumplir con nuestro deber para que sepamos usar todos los medios
legales a nuestro alcance a fin de que estos peligros se aparten de
nuestra Patria y se restablezca la armonía social, y así sean
respetados los derechos proporcionados de grandes, medianos y pequeños,
de acuerdo a la Ley de Dios. En suma, que en nuestra Patria se
reinstaure la paz verdadera, que es la tranquilidad del orden, es
decir, la paz de Cristo en el Reino de Cristo.

Marcelo Sinibaldi
Hablemos Claro
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